Se realiza dentro de los centros penitenciarios, entre los internos, y tiene un objetivo restautarivo y rehabilitador.
Este tipo de mediación requiere una colaboración con las autoridades penitenciarias y exige mantener una estrecha coordinación con los jueces para que los efectos logrados tengan reconocimiento jurídico.
Se plantea como un instrumento para la mejora de la convivencia dentro de las prisiones.
La falta de habilidades sociales y comunicativas, la baja autoestima y el bajo nivel de autorregulación, hacen que el trabajo del mediador en este ámbito requiera incluir todas estas especificidades, agravadas por la situación de carencia de libertad.
El potencial transformativo que implica el empoderamiento de las partes como personas y protagonistas de sus conflictos eleva el nivel al añadir la capacidad restaurativa de la mediación en el contexto penitenciario.